Historia del Ajedrez

por Fernando Aramburu

SIGLOS DE AJEDREZ
CAPITULO I

De los Orígenes al Clasicismo
Quien ve crecer las cosas desde sus principios, tendrá un conocimiento más acabado de ellas.
Aristóteles (384 – 322 a.c.)

Antiguas civilizaciones de Lejano Oriente conocieron juegos de tablero, que al principio se rayaba en el suelo y sobre el cual se movían diversas piezas (caballos, guerreros, elefantes, carros, etc.) talladas en piedra o madera que simulaban fuerzas en combate. La mayoría de los investigadores entienden que todo empezó en la India hace unos tres mil años. Si bien se han realizado hallazgos más antiguos aún, en Egipto, Mesopotamia, Pakistán y China, no han podido ser relacionados directa mente con nuestro ajedrez.

El Chaturanga o “Juego de los Cuatro Reyes”, se jugaba en la India, en el siglo V a.C. Intervenían cuatro jugadores, cada uno de los cuales disponía de un rey, un elefante, un caballo, un navío y cuatro peones, dispuestos en las cuatro esquinas de un tablero de 64 casillas. Cada participante debía esforzarse en capturar un rey opuesto y defender el propio; las jugadas se determinaban por un dado. Más adelante y como consecuencia que la religión prohibía los juegos de azar, el dado se sustituyó por la reflexión; también los contendientes se redujeron a dos.

El Chaturanga tuvo dos descendientes: el Shatrang persa y el Petteia griego.

Luego de la guerra Grecia-Persia esos juegos se fusionaron apareciendo hacia el año 650 el ajedrez árabe, muy parecido al actual. Las expediciones, el comercio y las conquistas lo difundieron por el mundo. El legendario Harun-al-Raschid ofreció un ajedrez a Carlomagno, del que se conservan algunas piezas. Los árabes lo trajeron a Occidente, a través de España, allá por los siglos VII y VIII. Por entonces ya se había ideado un modo de representar gráficamente las piezas y anotar las jugadas, para así preservar problemas y partidas, algo insólito para un mero juego de entretenimiento y que sugiere la calidad intelectual perdurable que le atribuían.

Como lo testimonia el “Libro de axedrez e dados e tablas” de Alfonso X (1252-1284), compilado en 1283 y que actualmente se conserva en la Biblioteca del Escorial, en la Edad Media se jugaba en Europa; el tablero ya era a dos colores, pero algunas reglas eran diferentes a las del aje drez actual.

Alfonso X recogió de los árabes 103 “mansubas” o problemas de ajedrez.

El mejor jugador del mundo de tan remotas épocas era el árabe As Suli, autor de varias obras, de las que sólo se conservan fragmentos; otro famosos maestros árabes fueron Aladino al Tabriz (que vivió entre 1450 y 1490) y su contemporáneo Al-Yahudi. Las Torres se llamaban Roques (rujj en árabe es carro de guerra) y la Dama era el Alferza (especie de capitán). El caballo representaba al caballero andante (por eso los ingleses usan Knight y no Horse). El alfil (al-Fil en árabe significa elefante), también representó otros personajes: Obispo (Bishop en inglés, Bispo en portugués), Bufón (en Francia se llama Fou, tonto) y Läufer en alemán (que significa corredor).

Sólo el Rey, el Caballo y la Torre se movían como hoy. El Alfil se desplazaba como máximo tres casillas y podía saltar por encima de otras piezas, el Peón sólo podía avanzar una casilla y el Alferza era una pieza muy débil que sólo se movía en diagonal y una casilla por vez. La voz “dar shaque”, amenazar al rey, deriva de Sha, rey de los persas y Sha mat significa “el rey ha muerto”. El vocablo “ajedrez” y sus traducciones “chess”, “xadrez”, “échecs”, “schachspiel”, “scacchiere”, “giuoco degli scacchi”, derivan de expresiones provenientes de varias lenguas: árabe, persa, griego y latín; como ser ludus scaco rum, ace dextre, scaccus, equus, scacum, etc.

En excavaciones de una sepultura vikinga hallada en la costa sur de Bretaña se encontró un juego de ajedrez, y en una región francesa se descubrieron unas piezas del siglo X, de origen escandinavo, que respondían al modelo árabe tradicional.

En España el ajedrez era un juego popular; mientras en Italia lo practica­ban las clases adineradas.

Durante el Renacimiento el ajedrez sufrió una reforma, según el “Manuscrito de Gottingen”, primer registro histórico del ajedrez redacta­do en latín en el Siglo XV. Este documento contiene además unas veinte partidas y diez modos numerados de iniciar un juego (“salidas”, luego denominadas “aperturas”). La reforma, tendiente a hacer más interesantes y ágiles las partidas consistió en lo siguiente. El Alferza se sustituyó por la Reina (más adelante en algunos países se denominó Dama) y, junto al Alfil, se les otorgó absoluta movilidad, reforzando el poder del ataque; también se inventó el enroque para compensar las posibilidades de defensa. Al peón se le permitió saltar dos casillas en la salida, comer al paso y, al coronar, podía transformarse en cualquier pieza.

En 1497 se publicó el tratado del español Juan Ramírez Lucena de Salamanca (a quien algunos atribuyen el Manuscrito), titulado “Repetición de amores e arte de axedrez”, del que se conservan dos ejemplares en Madrid y otros dos en Londres y Bruselas respectivamente. Contiene una colección de partidas donde las piezas aún se mueven a la antigua. Es notable el aporte teórico que hace Lucena (1465-1530) en varios aspectos del juego, como las aperturas, combinaciones de mate y finales.

Huesca, 1500 – Lucena, Juan Ramírez – Quintana, José
Apertura Zaragozana

1.c3 Cc6 2.d4 e6 3.e4 d5 4.ed5 ed5 5.g3 Ad6 6.Ah3 Ah3 7.Ch3 Dd7 8.Cf4 Cf6 9.Df3 Af4 10.Af4 0-0-0 11.0-0 Dh3 12.Ag5 Cg4 13.Dg2 Dg2+ 14.Rg2 f6 15.Ad2 The8 16.Te1 Te1 17.Ae1 Te8 18.Cd2 Ch6 19.Cf1 Cf5 20.Ad2 Cd6 21.h4 Ce4 22.Ae3 g5 23.hg5 fg5 24.f3 Cd6 25.Ag5 Te2+ 26.Rh3 Tb2 27.Ce3 Cb5 28.Cd5 Tc2 29.Te1 Cc3 30.Te8+ Rd7 31.Cf6+ Rd6 32.Af4+ 1-0

Lucena daba algunas indicaciones “secretas” al ajedrecista práctico:

a) Antes de la partida trata que tu rival beba y coma opípara mente;
b) Si es un desconocido háblale de tus hazañas en otros lugares;
c) Si juegan a la luz del día, haz que él quede sentado de frente al sol;
d) Si juegan de noche, coloca la vela a su derecha, de modo que él mismo se haga sombra con el brazo cuando va a mover;
e) Mientras él piensa su jugada, silba una tonada o conversa con algún espectador;
f) Si estás inferior, mueve con decisión, golpeando las piezas en el tablero;
g) O juega muy despacio, para que él se impaciente y quizá también se equivoque;
h) Si cometes un grueso error, sonríe disimuladamente sin mirarlo a los ojos;
i) Si triunfas de casualidad, deja la revancha para otro día.

Los maestros de antaño trataron de hallar las mejores jugadas para iniciar el juego. Para orientarse en el laberinto de posibilidades tuvieron la gran idea de poner nombres a varias series de movidas lógicas de uno y otro bando. Giuoco Piano, Gambito de Rey, Apertura del Alfil, Apertura de Ruy López, Fianchetto de Dama. Defensa Siciliana y tantos otros, son términos que tienen quinientos años de antigüedad. Las aperturas que no pertenecían a la clasificación se denominaban “irregulares”. De acuerdo con los conceptos de la época, la finalidad principal era alcanzar una posición que liquidara la partida en pocas jugadas. Conocían perfectamente la importancia del centro y la debilidad de los puntos f7 y f2, haciadonde encaminaban sus tempranos ataques y sacrificios.

También comprendieron que cuando ninguno de los bandos puede dar mate inmediatamente, debería ganar la partida quien posea ventaja material o la posibilidad de obtenerla. El valor de las piezas era algo vago, sobre todo el relativo entre Caballo y Alfil, recién aclarado en el siglo XX.

Sabían ganar material de diversas maneras: ataque a peones o piezas mal prote­gidas y/o inmóviles, ataques dobles, descubiertas, clavadas y maniobras como obligar al rival a entregar una pieza para detener un ataque al rey o a cambio de un peón que amenaza llegar a la octava fila, cambio/desviación/atracción/inmovilización de la pieza defensora, y por supuesto mediante trampas.

El método de juego basado en amenazas directas -como suele jugar un principiante de cualquier época- y en los descuidos del rival ya se consideraba insuficiente. La conducción de una partida por un experto era más indirecta. Se realizaba una esgrima de amenazas y contra amenazas, donde lo más importante era el ingenio para sorprender y ganar brillantemente. La celada fue la primer estrategia.

Veamos este análisis de una variante de apertura mencionado en el Manuscrito de Gottingen: 1.e4 e5; 2.Cf3 f6; extraño modo de proteger el peón e5, heredado de la época que damas y alfiles no disponían de mucho radio de acción. Luego de 3.Ce5! fe; el Manuscrito indica 4.Dh5+ Re7 (si 4…g6; 5.De5 ganando); a lo que sigue 5.De5+ Rf7; 6.Ac4+ d5 (si 6…Rg6; 7.Df5+ Rh6; 8.d4+ g5; 9.h4!); 7.Ad5+ Rg6; 7.Dg3+ Dg5; 9.Db3 Dg2; 10.e5 y las blancas ganan.

Continuara…

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